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Archive for the ‘Economía y monetarismo’ Category

Hugo Salinas Price es presidente de la Asociación Cívica Mejicana Pro Plata, A.C., una organización para implantar la plata como patrón de referencia monetario. También es miembro del Colegio Nacional de Economistas de ese mismo país.

Este autor tiene la virtud de unir rigurosidad con claridad en la manera de expresarse, y en este artículo explica resumidamente la evolución del sistema monetario internacional, con gran y acertada capacidad premonitoria.

Hugo Salinas Price

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1 junio 2005.

Un “sistema” se refiere a alguna actividad que perdura a través del tiempo. Una vez que se crea e instala un sistema, la actividad asociada con él se mantendrá por tiempo indefinido. Esto es posible, porque cualquier sistema incorpora controles internos que corrigen la actividad cuando tiende a sobrepasar ciertos límites o parámetros. Si la actividad no se corrigiera, se violaría un parámetro, el sistema se volvería inestable y su actividad terminaría.

Todo sistema tiene parámetros o límites a su actividad que aseguran su estabilidad y funcionamiento a través del tiempo.

Como ejemplo, una caldera moderna incorpora un sistema de control que monitorea el nivel de agua, la temperatura y la presión del vapor. No debe haber ni un faltante ni un sobrante de agua; la temperatura no debe caer abajo de un mínimo, ni sobrepasar un límite. La presión también debe mantenerse dentro de límites mínimos y máximos. El peligro que representa una caldera sin controles hace que los fabricantes instalen respaldos a estos controles, para que exista la seguridad de que no habrá un estallido. Los límites en la actividad de la caldera son esenciales para su operación segura.

Cuando hablamos de cualquier sistema, tenemos que reconocer sus parámetros críticos. Más allá de ellos, el sistema se quiebra. En el caso de la caldera de vapor, puede estallar.

Todo esto lo mencionamos, porque alguna vez el mundo tuvo un “Sistema Monetario Internacional”.

El sistema monetario internacional que existió en el pasado, se creó en forma casi espontánea, sin premeditación y a base de la resolución de muchos pequeños problemas locales para hacer pagos en diversas partes del mundo. Esto sucedió a raíz de la victoria británica sobre Napoleón a principios del Siglo XIX y la apertura de mercados mundiales al comercio internacional bajo la influencia del Liberalismo Económico de la época.

Este sistema tuvo un principio fundamental, que permitió su perfeccionamiento: el dinero internacional era oro, y en menor medida y en ciertas partes del mundo, plata.

A fines del Siglo XIX, no había quien se imaginara que pudiera existir otro dinero que no fuera oro o plata. No cabía en el pensamiento de esa época la idea de que otra cosa pudiera servir como dinero.

En los inicios del Siglo XX, la plata fue eliminada como dinero internacional y la moneda mundial fue el oro de ahí en adelante, hasta 1971.

Sobre la base del oro, se constituyeron los grandes bancos del Siglo XIX y Siglo XX. Al inicio de esa época, las relaciones financieras internacionales se sistematizaron sobre la base del oro como dinero. Los pagos internacionales se denominaban en oro exclusivamente. Las emisiones de billetes bancarios eran “pagarés” redimibles en oro. Si un banco no podía redimir los billetes o “pagarés” que hubiera puesto a circular entre el público, este hecho lo hacía caer en bancarrota.

El oro era pues, el factor limitante a la expansión de crédito y a la emisión de billetes. El parámetro crítico para cualquier banco, era tener suficiente oro en sus arcas con qué liquidar o redimir a la vista al portador, sus billetes. No se podía por ningún motivo correr el riesgo de no poder liquidar sus billetes con oro, por falta de este metal.

El sistema monetario internacional era un verdadero “sistema”, y llegó a su punto de mayor perfeccionamiento hacia el año 1913.

A partir de esa fecha, comenzaron los ataques al sistema, que consistieron en hallar subterfugios para que la actividad bancaria lograra un objetivo: la eliminación de aquello que limitaba la expansión de crédito bancario: el oro. Todo el ingenio humano se concentró en hallar formas aceptables al público y a la autoridad para lograr el objetivo de eliminar ese estorbo.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, se hicieron ajustes al sistema monetario internacional. El uso monetario del oro quedó relegado a pagos en oro que los Estados Unidos harían a Bancos Centrales del mundo, a cambio de los dólares que tuvieran esos bancos. Ya a partir de 1933, ningún particular en el mundo tenía derecho a cobrar un pagaré bancario – un billete – en oro. Bajo los Acuerdos de Bretton Woods, en 1944, sólo los Bancos Centrales retenían el derecho de cobrar a Estados Unidos oro a cambio de dólares, los pagarés norteamericanos.

Sin embargo, el oro seguía estorbando; especialmente, estorbó a los Estados Unidos el compromiso establecido de entregar oro a cambio de sus pagarés: demasiados países estaban cobrando, en oro, los dólares que los EU emitían en cantidades mayores a las que deseaba retener el mercado mundial. Las reservas de oro de los EU se contrajeron de más de 20 mil toneladas, al final de la Segunda Guerra Mundial, a sólo 8 mil.

Por otro lado, los EU querían seguir emitiendo billetes para pagar sus gastos bélicos y sociales. El sistema monetario internacional, se acercaba a un parámetro crítico, pero se descartó cualquier acción correctiva.

En lugar de corregir el exceso, EU descartó el control crítico del sistema: el oro que marcaba un alto a su gasto excesivo.

El 15 de agosto de 1971, dejó de existir el “Sistema Monetario Internacional”. Lo que quedó cuando los EU se rehusaron a redimir sus billetes en oro, ya no es un sistema. No puede ser un sistema, porque se eliminó el control interno que impide que se violen parámetros críticos y se mantenga la estabilidad operativa.

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Teorema Fundamental de la Sociopolítica.

El borrego, al ser consciente de su inferioridad y por lo tanto debilidad, tiene como prioridad no separarse del rebaño para obtener la seguridad de la que carece.

  • Corolario 1: El borrego “piensa” (no piensa) y se comporta igual que el resto del rebaño.
  • Corolario 2: Ser borrego es la prueba de padecer alguna inferioridad mental (intelectual, cultural o de carácter).
  • Corolario 3: La inmensa mayoría de la población es borrega.

Judaísmo.

Judaísmo = supremacismo judío
Judaísmo = comunismo
Judaísmo = racismo antiblanco
Judaísmo = masonería
Judaísmo ══> marxismo cultural = progresismo = holocausto + feminismo + antirracismo + homosexualismo + complejo de culpa blanco
Holocausto = religión = arma antiblanca = complejo de culpa blanco
Holocausto ══> invasión inmigrante
Holocausto = muerto judío = reverenciar
Muerto no judío = olvidar
Israel = país falso y criminal
Multiculturalismo = Invasión inmigrante = racismo antiblanco = genocidio blanco

Religión.

Progresismo = cristianismo 2.0 (el régimen necesita desinstalar primero el anterior sistema operativo, cristianismo, para poder instalar progresismo).

Ver: “El progresismo es una religión”

Régimen.

Régimen = judaísmo
Régimen = materialismo = capitalismo + comunismo
Régimen = banca internacional = mundialismo = gobierno/dictadura mundial = pensamiento único
Marionetas = Partidos políticos + medios de comunicación
Medios de comunicación = perros de presa

Dos series de números:

Destrucción = La raza blanca disminuye progresivamente
Concienciación = Los blancos racialmente conscientes aumentan progresivamente

¿Concienciación > Destrucción?
¿Concienciación – Destrucción > 0?

Monetarismo.

Poder monetario > poder económico > poder mediático y político
Judaísmo = usura
Capitalismo = usura
Islam = no usura = no interés
Nacionalsocialismo = no usura = no interés
Banco Central = Autoridad monetaria nacional = banco privado no estatal
Reserva Federal de EE.UU. = banco central yanqui = Anillo Único de Sión

Historia.

Viriato = Adolf Hitler
España de Reyes Católicos = Amos = conquistadores
España de democracia = Siervos = conquistados e invadidos

Otros.

(Nacionalismo blanco / raza blanca) = (judaísmo / judíos)

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Esta es la transcripción de un conferencia realizada (según se deduce del texto) antes de la caída de la URSS, en la que George Knupffer trata los siguientes asuntos:

  • El funcionamiento del sistema monetario del capitalismo, un problema sobre el que hay mucha ignorancia, muy infravalorado y poco tratado.
  • La relación entre comunismo y capitalismo. Creo que es la primera vez que trato el asunto aquí.
  • La descripción de ciertos hechos históricos.

George Knupffer tiene una manera de expresarse que si bien no es muy concisa, lo compensa con un estilo coloquial y ameno. Según lo leía, tenía la sensación de estar presente escuchando su discurso. Por lo ameno del texto y lo bien explicado y fácil de entender, así como por explicar tan bien la relación entre comunismo y capitalismo, y por su información histórica, lo incluyo en la lista de mis artículos favoritos. He remarcado en negrita lo que me ha parecido conveniente.

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¡Señoras y señores! ¡Sr. Presidente!.

Mucho hemos oído sobre la toma de posesión del poder en el mundo, sobre el esclavizamiento de los pueblos y de sus gentes, y todo esto es cierto, todo ello viene a constituir antiguos aspectos de lo que está ocurriendo en el mundo; ha venido ocurriendo desde hace varios siglos, pero estos factores no tienen una importancia práctica decisiva, porque no se puede ejercer una influencia simplemente por medio de la expresión de cierta filosofía o ideología, a menos que exista una verdadera fuerza o impulso detrás de ello. Yo creo que fue de Víctor Hugo de quien se dijo que había observado que no hay nada tan poderoso como una idea que ha llegado, que se ha producido en el momento exacto. Felizmente esto es una supersimplificación, porque lo que verdaderamente puede decirse que es cierto es que nada es tan poderoso como una idea y desgraciadamente puede estimarse mala aquella que tiene un apoyo material de volumen suficiente. La Política es el arte de lo posible, como dijo Bismarck, pero también es el arte de lo factible y realizable en términos prácticos.

En mis primeros años, yo me sentía inclinado a dar por bueno y aceptable más o menos automáticamente y sin mucha fuerza, la existencia de dos sistemas básicos que operan en el mundo desde 1917: comunismo y lo que generalmente se conoce como capitalismo, combinados corrientemente con lo que se denomina democracia. Y, sin profundizar mucho en detalles, yo lo acepté como el evidente hecho práctico de que era mucho mejor vivir bajo la dispensa democrática capitalista que bajo el comunismo. Y entonces llegó la gran crisis de 1929‑30, en que, repentinamente, millones de personas quedaron sin empleo y se produjeron toda clase de otros fenómenos más desagradables que se extendieron por todo el mundo.

Desde luego, después de eso, yo me he dado cuenta de que este sistema conocido como capitalismo no es perfecto; ciertamente, por decir lo menos en algunos aspectos muy importantes resulta trágicamente equivocado. Yo decidí estudiarlo intensamente para tratar de descubrir qué era. Después de aproximadamente un año y medio o dos años de duro trabajo, conseguí dar con ello. Estuve leyendo los dos volúmenes de las memorias del difunto Henry Ford, en las cuales trató de manera muy competente la cuestión del dinero y la financiación de los negocios, de los débitos y de los intereses y así sucesivamente. Y, conforme estaba leyendo estas páginas, de repente vino la conexión ‑ lo conseguí y después de ello comencé a estudiar la cuestión de emisión monetaria, de préstamos e intereses y así sucesivamente. Después entré en contacto con aquellas personas que ya habían realizado mucho trabajo en este sentido y descubrí una completa literatura que explicaba gran parte de este problema. Todo ello vino a confirmar lo que yo había ya descubierto en cierto y considerable grado. No incidentalmente, toda la literatura de lo que nosotros podríamos llamar verdadera nueva economía ha sido escrita en inglés, en primer lugar en Inglaterra y después en los Estados Unidos y existe muy poca participación de ninguna otra parte. En Alemania existen libros que resultan de mucha ayuda, tales como un circunstancial ejemplo, el de Werner Sombart “Die Juden un die Weltwirtschaft” (“Los judíos y la economía mundial”) y algunos otros similares; en francés, más recientemente, han aparecido los libros de Henry Coston, como “Les financiers qui menent le monde” (“Los financieros que dominan el mundo”). Existen otros muchos libros, pero no tratan del problema original.

El problema original, básico, es algo muy sorprendente ‑ aunque tiene tal tremenda influencia y ha influido tanto en el sino de la humanidad en un período de dos o tres siglos ‑ es un problema que, incluso hoy, es muy ampliamente desconocido, o se conoce deficientemente. Y puedo decirles que en los últimos cuarenta años, en que he estado actuando prácticamente sobre todos estos asuntos, he viajado mucho por todo el mundo. Como pueden ver, hablo un poco el inglés, crecí en la Rusia Imperial, de forma que sé hablar ruso, y asimismo francés y alemán. Yo descubrí que incluso entre los puestos de altura, digamos entre los primeros Ministros, o Ministros de Hacienda, o Reyes o Presidentes, prácticamente no existen conocimientos de todos los hechos básicos de la vida económico‑monetaria. Es, desde luego, extraordinario, pero es verdad. Hay excepciones. Ahora se aprecia, así, por qué este sistema no se ha practicado satisfactoriamente desde hace mucho tiempo. Aquí encontramos la circunstancia básica que debemos tener siempre presente como punto de partida para considerar y estudiar los problemas del poder, los problemas políticos, los problemas de la historia de nuestros tiempos, y los problemas de lo que nosotros podemos hacer sobre ello, cómo podemos solucionar y resolver las cuestiones que se nos plantean, cómo podemos contrarrestar los peligros que surgen continuamente.

El problema original y básico que debemos considerar es el problema del poder, el cual, en el mundo moderno, es el poder y el derecho a poner todos los medios de intercambio sin nada como débito que comporta intereses. Y, en los últimos cuarenta años, desde que me vengo ocupando de este asunto, he hecho muchas investigaciones, no sólo en la literatura, sino también hablando y conversando con personas, especialmente banqueros; por ejemplo en los Estados Unidos, donde tuve muchas oportunidades, y donde se encuentran personas que le dicen a uno francamente lo que piensan y lo que saben, y que vienen a admitir hechos que, realmente y en cierto modo, hablan en disfavor de ellos mismos o, por lo menos, en contra del sistema que ellos representan; así pues, lo que yo voy a decirles a ustedes es algo que no se acaba de inventar, sino algo que he comprobado y vuelto a comprobar y en lugares donde los hechos son bien conocidos.

Vean ustedes; si van a un banco del mundo capitalista, y quieren pedir un préstamo de dinero, independientemente de si son ustedes representantes de un Estado soberano, de una empresa, o simplemente actúan por cuenta propia, y dicen que solicitan un préstamo de, digamos, un millar o un millón de libras ‑ello no constituye diferencia ‑ el principio es exactamente el mismo, y el banco le preguntará si tiene garantías, y si estas garantías puede facilitarlas de alguna forma tangible, por ejemplo, un inmueble, acciones, una fábrica, barcos, o cualesquiera otra cosa, y el banco entonces le dice: “Muy bien, usted tiene una buena reputación, le conocemos, dispone de suficientes garantías; le facilitaremos, en consecuencia, un préstamo de un millar de libras, a tal porcentaje de interés”. Después el banco anota en su cuenta corriente: en el haber, la cifra de mil libras. Después, con un talonario de cheques, puede sacar en efectivo o efectuar pagos mediante cheques que se ponen en circulación de una forma o de otra. En países de elevado desarrollo, tales como Gran Bretaña o Estados Unidos de América, más del 95 por ciento de todo el dinero circulante está constituido por dinero a crédito que se maneja por medio de cheques. Ahora bien, el banco que le ha prestado ese dinero, y por el cual le cobra intereses, no ha sacado esa cantidad de ningún otro fondo o cuenta, y, en el acto de prestárselo a usted, ha creado ese dinero de la nada, con la ayuda de media gota de tinta y un par de centímetros cuadrados de papel: eso es todo.

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Uno de los fraudes teóricos intelectuales más grandes de los últimos decenios es la idea de que los bancos centrales no hacen política, sino que se limitan a adoptar medidas técnicas sobre el conjunto de los mercados.

Se trata de algo completamente absurdo, además de cínico y perverso: ¡Con qué fundamento se puede hacer creer que no son políticas las decisiones que afectan al bolsillo de la gente, a sus ingresos o patrimonio!.

Puede considerarse que gobernar el precio del dinero de una manera u otra sea más o menos oportuno o conveniente en cada caso, pero ¿cómo poner en duda que al hacerlo se está afectando de modo desigual a los diferentes sujetos económicos y, en consecuencia, que de esa manera se está haciendo política?.

¿No hay que ser muy simple para pensar que la POLÍTICA monetaria no es POLÍTICA? O quizá mejor, ¿no hay que tener muy poca vergüenza para hacérselo creer a la gente?.

Lo grave es que a partir de ese fraude se establece que los bancos centrales sean independientes del… ¡poder político! ¡Como si el poder inmenso que tienen no fuera también político, como si la política que realizan no fuese también expresión de su poder!.

Gracias a ello se secuestra una de los grandes instrumentos de la política económica del control social, de la voluntad ciudadana. Y eso es algo que tiene, al menos, tres grandes inconvenientes.

Por un lado impide que se pueda hacer política económica de modo coherente. O mejor dicho, empuja a que sólo se pueda hacer la que responde a la restricción que impone lo establecido por el banco central.

Hace años lo dijo con toda claridad el Premio Nobel de Economía James Tobin:

«La idea de que el dinero y los precios pueden separarse y delegarse al banco central mientras que el Congreso y el Ejecutivo se ocupan por su cuenta del presupuesto, los impuestos, el empleo y la producción, es el tipo de falacia que se pone en las preguntas de los exámenes de introducción a la Economía, una falacia elevada hoy a doctrina presidencial»

El segundo inconveniente es de otra naturaleza: la economía (en este caso la política monetaria) es la negación de la democracia. Y lo que precisamente ha ocurrido al nacer el poder monetario independiente es que se prostituye la división de poderes y el principio de representatividad en que se supone que debe basarse una democracia.

Finalmente, resulta que, de esta forma y gracias a su independencia, los bancos centrales no son prácticamente responsables de nada de lo que hagan.

¿Cómo pedirles ahora cuentas, por ejemplo, de su responsabilidad en la crisis financiera actual al haber permitido la opacidad y el riesgo extremo? ¿Cómo pedirle explicaciones por las inmensas cantidades de dinero (dinero de todos al fin) que están inyectando en los mercados sin que nadie sepa con certeza dónde están yendo? ¿Cómo censurarles por su complicidad en la generación de las burbujas? ¿Cómo enfrentarlos en la plaza pública para que quedase de evidencia su fundamentalismo sin base científica, su falta de argumentos sólidos, sus incoherencias, contradicciones y, sobre todo, su arbitrariedad y apoyo a los poderosos? ¿Cómo pedirle cuentas, por ejemplo, a los dirigentes del Banco de España que en los últimos meses han vendido la mayor parte de nuestras reservas de oro a cambio de activos muchos más volátiles e inseguros y, por tanto, menos valiosos?

La independencia de los bancos centrales es un cáncer de la economía y de las democracias modernas. Y el cáncer hay que tratarlo de raíz. Mientras perdure el poder independiente de los banqueros centrales estaremos condenados a vivir una y otra vez los hitos de inestabilidad, de despilfarro y de crisis en los que estamos, y las economías no podrán nunca seguir el camino de la prosperidad.

Y todo ello sin perjuicio de un planteamiento básico: ¿acaso es que alguien puede creerse que los gobernadores y demás dirigentes de los bancos centrales son acaso “independientes”, que no se dejan influir por los bancos y los grandes poderes económicos? ¿que no dan y reciben favores? ¿Alguien puede creer de verdad que fue su “independencia” lo que llevó, por ejemplo, al anterior gobernador del Banco de España (Luis Angel Rojo) al Consejo de Administración del Banco de Santander o al subgobernador (Miguel Martín) a la presidencia de la Asociación Española de Banca Privada (AEB)?.

¡Venga ya!.

Fuente: Altereconomía.

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El problema del dinero es el problema único para entender el mundo actual, la causa de los acontecimientos de los últimos siglos, el motor de la globalización y del mundialismo, su evolución y sus objetivos. O sea, cómo los bancos se van apoderando de todo.

El texto más importante para empezar y seguramente el artículo más importante puesto hasta la fecha en qbitácora, es este que explica la evolución del sistema monetario, en forma de fábula.

Conozco 2 versiones. La del australiano Larry Hannigan, escrita en 1971, creo que es la más completa, y está traducida a varios idiomas. Aún así, al estar escrito en 1971, no explica algún fenómeno más reciente, como la inmigración masiva. La traducción al español la he sacado de Medio de intercambio, pero he limado unos pequeños defectillos de traducción, al copiarlo. También he copiado las imágenes de ese sitio tal cual. Ese sitio fomenta la propagación de este texto, así que no creo que les importe.

La otra versión se llama La isla de los náufragos, y viene a decir lo mismo, sólo que la acción está ambientada en una isla de náufragos y es un texto menos completo. Fue escrito por Louis Even, cofundador de un periódico católico canadiense llamado San Miguel, cuyo objetivo es la reforma monetaria, y también está traducido a varios idiomas, encontrándose en español aquí. Tras el texto, contiene un epílogo explicando la solución al problema: el Crédito Social, propuesto por C.H. Douglas. Lo pondré otro día.

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