Hay diversas maneras de medir o estimar la inteligencia y cultura de un país. Yo voy a usar aquí dos que me llaman mucho la atención, que me dan mucha rabia y que cualquiera puede comprobar con facilidad: Bares y epónimos, que indican el grado de imbecilidad y de inteligencia de los españoles, respectivamente. Y no digo cultura, sino inteligencia. Cuando hay inteligencia, hay comportamiento inteligente (o por lo menos, no hay comportamiento estúpido). De la inteligencia, por medio de la curiosidad, surge la cultura.
Bares, terrazas veraniegas y botellón.
España está llena de bares, sobre todo si se compara con otros países “de nuestro entorno”, y eso nunca me ha parecido normal. Pero mientras la gente está en invierno metida en los bares, no quedan a la vista. En cambio, cuando llega el verano, el fenómeno de vivir en el bar se hace visible pues la gente sale afuera en las llamadas terrazas veraniegas.
Qué asco las he cogido. Ya no es sólo la sensación que me produce ver ahí sentada a la gente en verano. Una sensación de estar perdiendo el tiempo, de improductividad, de pasividad, de estupidez, de ser gente amodorrada, conformista, satisfecha, tranquiloncia, autocomplaciente. Acomodados, acabados, sin expectativas de importancia, de valor. Yo también lo he hecho, estar con amigos, pero sólo algunas veces. Pero hay muchísima gente para la cual estar en terrazas veraniegas es su principal ocupación de ocio día tras día. Están en una y cuando se aburren, se van… a otra, o a un bar. Hacen cada día una gira por bares, cafeterías y terrazas veraniegas, y se dejan un dineral en copas, en pinchos, en tapas, en cervecitas y en gilipolleces. No me lo estoy inventando, conozco a mucha gente así.
Dicen que es el clima, que invita a ello. Pero hay algo más, y es el carácter hispano, es la imbecilidad y mediocridad hispana. Porque a ver, ¿qué hacen ahí horas y horas?. Pues hablar, chismorrear, cotillear. Nada inteligente, nada elevado, nada que merezca la pena. A mí no me cabe en la cabeza que pueda ser entretenido estar horas y horas haciendo eso. A lo mejor un día, pero no tooooodos los días. Panda de gilipollas. La presencia habitual en estos sitios son un indicador de sus inquietudes intelectuales y culturales: Ninguna. Mediocridad, inferioridad pura y dura. Perder el tiempo de una manera gilipollesca. Y si sólo fuera eso… pero no, es que además hay que sumar la prepotencia de creerse que saben de todo, hablan de todo, y esta gentuza luego no tiene educación ni para dejar hablar a los demás (que si no, quedarían en ridículo). Se creen más listos que nadie, cuando son en realidad unos ridículos y unos mediocres con una gran cerrazón de mente y obtusos.
Ya me lo dijo un amigo tras viajar por varias capitales europeas, que cuando veía en el hotel a alguien con pinta de chulo y de creído, ya sabía que era español, y luego al oírles hablar en español se confirmaban sus sospechas.
Y qué decir del botellón. Si pasar el tiempo de ocio en el bar o en una terraza veraniega es algo a lo que tengo manía, pero que al fin y al cabo es una actividad “educada”, la práctica del botellón, estar tirado en la calle bebiendo litronas de cerveza o de cosas peores me parece ya la cima, o mejor dicho, la fosa de la degradación, del aburrimiento, de la estupidez, de la falta de miras, del gilipollismo hispano. Y la gente que se ha llegado a manifestar para exigir su “derecho” al botellón se merecen el apaleamiento público.
Epónimos.
Los epónimos en las ciencias son una manera de reconocerle el mérito a los que han aportado conocimiento a la humanidad. Veamos un ejemplo: En este artículo sobre el espacio de Hilbert aparecen mencionados muchos epónimos: Espacio de Hilbert, teorema de Pitágoras, series de Fourier, transformación de Fourier, sucesión de Cauchy, espacio de Banach, problema de Dirichlet, análisis de Fourier, espacio de Sobolev, base de Hamel, teorema de representación de Riesz. Si se visitan esos enlaces, se encuentran muchos más. Hay miles, y CASI TODOS EXTRANJEROS, sobre todo de alemanes, judíos y anglosajones, y también muchos de rusos, franceses, italianos, etc., y no porque nos discriminen, sino por pura inutilidad e incompetencia española. Una auténtica vergüenza.
La gente no parece ser consciente de qué gran termómetro cultural e intelectual es esta cosa de los epónimos. Para ser consciente, tendrían que leer algún libro o alguna enciclopedia, lo cual es imposible, porque claro, no les queda tiempo de tanto estar en los bares, cafeterías y terrazas veraniegas, y de tanto “fúrgol”. Según ese termómetro, España está al final, en la cola de Europa y parte del mundo, lo cual es especialmente grave porque se supone que España es o estaba entre los 10 países más importantes, industrializados, desarrollados o como se le quiera llamar, del mundo, con lo que el contraste es mucho mayor que si hablo de Madagascar, en donde se entendería que no hubiera nadie destacado. Y en vez de avergonzarse y trabajar para cambiar la situación, se hace lo contrario: más chulería, más prepotencia, más corrupción, más celebraciones de éxitos deportivos como si eso tuviera *realmente* importancia en comparación con la ciencia y la tecnología. Y los políticos, estimulando esas celebraciones para salir en la foto y para que los idiotas de los ciudadanos estén orgullosos ¿de qué?. De chorradas y de gilipolleces.
Y además los epónimos tienen una virtud como medidor intelectual, que cuando se aplica a España se transforma en una frustrante evidencia. Esa virtud es que recogen las aportaciones al conocimiento científico y técnico a lo largo de la Historia. Un país puede pasar épocas malas pero tener otras buenas y tener unos cuantos representantes en este indicador. Por ejemplo, Grecia, que en la actualidad parecen estar tan cascados como los españoles, tienen un pasado glorioso: principio de Arquímedes, sólidos platónicos, algoritmo de Euclides, geometría euclídea, etc. Pero en el caso de los españoles, ni en el pasado remoto ni en el pasado reciente ni en el presente. Fatal. Yo cambiaría los éxitos deportivos españoles por científicos de mérito que me quiten esta sensación de pertenecer a un país de subnormales.
¿Dónde están los españoles? Ah sí, en una jodida terraza veraniega, (los peores), o entrenando para ganar otra Vuelta Ciclista a Francia o la Eurocopa de baloncesto (los mejores, pues por lo menos ejercitan su fuerza de voluntad para autosuperarse).
Alguno dirá que los españoles son de “letras”, que se han dedicado a la literatura. Bah, siempre he relacionado literatura con ocio, no con el auténtico conocimiento que mueve y cambia el mundo, la ciencia y la tecnología. Ramón y Cajal en biología, Ortega y Gasset en filosofía, y cuatro más: “Que investiguen ellos”.
Ahora entiendo que en el pasado, en guerras con poco nivel tecnológico, los españoles destacaran, (por brutos o por valientes), igual que ahora destacan en deportes. ¡Pero si hasta tutean a los negros de la NBA con la selección de baloncesto, cuando los negros están hechos para dar saltos y correr!. Pero en lo referente a lo intelectual, los españoles son una nulidad completa. Mucho músculo y poco cerebro, es la frase que lo resume todo.
Me daría vergüenza estar en el gobierno de España y permitir esta situación vergonzante, en donde los pocos científicos españoles que hay tienen que emigrar por falta de oportunidades. Pero como no tenemos un gobierno español, sino uno de ocupación con marionetas españoles traidores a la nación, así nos va.
Pero nos va así porque la inferioridad hispana lo permite. Por eso, a la hora de votar sale lo más infecto de las urnas. Por eso, se aceptan ideas suicidas y etnocidas hechas para gente subnormal e inferior (como el antirracismo), pues sólo los que se sienten inferiores defienden la igualdad. Por eso el estancamiento del nacionalismo español. Por eso tantas cosas. Los españoles tienen lo que se merecen. Y en mi opinión, esto va a ir a peor, porque en la época de la globalización, en la época de la sociedad del conocimiento, se nota más que nunca la diferencia entre los países que apuestan por el conocimiento, los superiores, y los que no, los inferiores.
Por eso se ha llegado a esta situación, porque no puede ser que el inferior domine al superior. No puede ser, y no es.