Feynman y las mujeres

2 Junio 2008

He encontrado en este blog un fragmento del libro “Está usted de broma, señor Feynman?” (1987) de Richard Feynman (premio Nobel de Física en 1965) que cuenta unas anécdotas reveladoras sobre las mujeres:

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Reflexionaba con el presentador de un espectáculo y su mujer Gloria en un club sobre la gente dispuesta “a gastar un montón de dinero con las chicas” que frecuentaban aquellos locales:

Acabé diciéndoles que había una cosa que me chocaba mucho. “Yo me tengo por persona inteligente -dije-, pero a lo mejor mi inteligencia solamente sirve para la Física. Ahora, en ese bar hay tipos inteligentes a montones -técnicos del petróleo, gente de la minería, empresarios importantes y demás- que no paran de invitar a las chicas a consumiciones, y que tampoco se comen una rosca. (Para entonces ya había deducido yo que nadie estaba logrando gran cosa a cambio de las consumiciones.) ¿Cómo es posible -les pregunté- que hombres inteligentes puedan convertirse en semejantes bobalicones en cuanto ponen los pies en un bar?”

El presentador respondió:

“Sobre eso lo sé todo. Sé exactamente cómo funciona. Voy a darte unas lecciones, para que en lo sucesivo puedas sacar algo de las chicas de sitios como este. Pero antes de que te dé las lecciones, tengo que demostrarte que verdaderamente sé de qué estoy hablando. Para eso, Gloria va a hacer que un hombre te invite a ti a tomar un cóctel de champán.”

Yo respondí “Por mí vale”, pero estaba pensando “¿Cómo demonios van a hacerlo?”.

“Ahora tienes que hacer exactamente lo que te vamos a decir. Mañana por la noche te sientas un poco lejos de Gloria, y cuando ella te haga una señal, todo lo que has de hacer es pasar por su lado.”

“Sí -añade Gloria-. Será fácil.”

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Exhibicionismo femenino y voyeurismo masculino

24 Septiembre 2007

Las jugadoras de balonmano del Orsán Elda de la División de Honor femenina han posado desnudas para una revista en busca de patrocinadores:

Equipo de balonmano Orsán Elda

Equipo de balonmano Orsán Elda

En esta página hay un vídeo con la noticia, de donde he capturado esa imagen.

No es la primera vez que un grupo de deportistas de algún equipo femenino de balonmano, voleibol o similar posa para alguna revista para llamar la atención de algún patrocinador o para ingresar el dinero que hace falta para seguir en la competición, ni será la última.

Este tipo de noticias siempre se presenta desde el punto de vista victimista femenino. Nos vienen a decir que no han tenido más remedio que hacerlo porque no encontraban patrocinador, y de paso “denuncian” la situación del deporte femenino.

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La gente está fatal (3): Cotorras

1 Junio 2007

El lenguaje es un instrumento de comunicación, y así debe usarse, para transmitir ideas, información o incluso sentimientos.

Pero hay una clase de gente, mucho más habitual entre mujeres que entre hombres, que gusta de hablar (si les dejan), durante horas y horas seguidas, diciendo gilipolleces, una tras otra, y no cosas con sustancia, como es lógico, debido a que:

  • La probabilidad de decir tonterías aumenta con la cantidad de tiempo que se está hablando. Hay un dicho muy acertado y divertido sobre esto: “Más vale estar callado existiendo la sospecha de ser idiota, que hablar y despejar toda duda”. Otro dicho muy acertado: “Lo poco gusta y lo mucho cansa”.
  • Las cotorras son del tipo de gente extrovertida, menos inteligente que la introvertida, lo cual es lógico y evidente, (y quien no se lo crea, tiene estudios hechos que lo prueban).
  • El motivo más importante es que la naturaleza de esa verborrea es la carencia de una mínima capacidad de introversión y de “voz interior”. No es una verborrea transitoria que cualquiera puede sufrir en un momento determinado por un disgusto, un ataque de ira o por haber realizado una reflexión interesante. Por ejemplo, yo suelto unos buenos rollos aquí, pero no repito ideas. Son textos de análisis y reflexión sobre un asunto concreto, resultado de haber estado pensando o investigando dicho asunto previamente, y son textos escritos, que tampoco son demasiado largos de leer, para quien los quiera leer, no hablar por hablar sin cesar de cualquier asunto sin interés.

Por el contrario, las cotorras tienen verborrea permanente, producto de su carácter patológico. Lo que en el resto de la gente son pensamientos propios, interiores, que no salen hacia el exterior, (ni deben salir hacia el exterior), por ser pensamientos y reflexiones faltos de interés para el resto de la gente, o por ser cosas íntimas, en las cotorras, por el contrario, salen continuamente al exterior en forma de palabras.

  • Las cotorras suelen tener una mentalidad obsesiva y repetitiva, que explica la duración de los rollos tan largos que sueltan (repetición constante de las mismas cosas). Al mismo tiempo, le transmiten a uno sus ideas obsesivas sobre los asuntos que les preocupan, (no confundirlo con que alguien normal te cuente un problema concreto un día; las cotorras son obsesivamente repetitivas siempre). Esto da idea del origen de su comportamiento verborrágico: una mentalidad obsesiva descargada al exterior.

El objetivo de las cotorras es encontrar a un pringao que les aguante sus rollos macabeos. Alguien de carácter introvertido que “sepa escuchar”. Dicen que saber escuchar es una virtud. Será una virtud desde el punto de vista de las cotorras, porque desde el punto de vista del infeliz que las tiene que aguantar, es un defecto. Y yo soy de esa clase de gente. Parece, además, que tengo imán para las cotorras. Antes, además, era más tímido y se me hacía más difícil librarme de semejante lapa que se me pegaba, pero con el paso del tiempo, uno adquiere soltura en despegar a esos pegajosos seres de encima, y además, es un gran placer hacerlo.

Porque hay que tener en cuenta, que a esa gente pesada no la aguanta nadie, con lo cual, despegártelos de ti es simplemente hacer lo mismo que todo el mundo hace con ellos, con lo que tu comportamiento no puede ser tachado de peor que la media. Pero si, por tener quizá falta de eso que llaman “habilidades sociales”, te los despegas de una manera excesivamente brusca y cortante, tampoco tendría ninguna gravedad, pues son ellos los que están abusando de ti, no tú de ellos. Son esas sanguijuelas las que quieren ocupar tu tiempo con sus gilipolleces, aburrirte y marearte, no al revés.

Las cotorras encima tienen la caradura de decir que “necesitan hablar”, como si su necesidad fuera justificación suficiente para satisfacerla. Yo también necesito el dinero que hay en el banco y no voy a atracarlo.

Así que, cuando aparezca una cotorra por el horizonte: ¡Patada en el culo y arreando!.