Se me ocurren tres clases de barbaridades que aparecen en el diccionario de la Real Academia Española (DRAE):
- Extranjerismos innecesarios
- Ordinarieces
- Gilipolleces propias de los académicos.
La justificación general siempre para incluir una nueva palabra, o mejor dicho, palabro, en el diccionario, es que es de uso común en la población. Esta justificación es aceptable cuando se trata de palabras nuevas incorporadas que vienen del inglés, surgidas por ejemplo por la evolución técnica.
Pero lo que me resulta molesto son los extranjerismos innecesarios que se ponen de moda, y que son inncesarios porque ya hay palabras que dicen lo mismo en español. Pero ¿quién los pone de moda? Pues los paletos de los periodistas, con su jerga artificial y pedante, y luego a la gente se le contagia, por medio del borreguismo lingüístico. El mismo mecanismo de imitación que hace posible que los niños pequeños aprendan a hablar (“borreguismo positivo”) sigue funcionando de mayores adquiriendo vicios y vulgaridades (“borreguismo negativo”).
Es verdad que buena parte del vocabulario actual son palabras deformadas respecto de su origen latino o griego, pero eso no quiere decir que haya que aceptar que se sigan deformando más y más, sino todo lo contrario, pues el vocabulario tiene reglas de formación de palabras (como el significado de prefijos y sufijos y otras cosas) que le dan estructura al idioma, le dan “belleza”, y facilitan su aprendizaje por niños y extranjeros, por lo que no está bien violar esas reglas.
Lo que hay que hacer es educar a la gente, no aceptar cualquier barbaridad como válida. Hay otras palabras mucho más legítimas y usadas que no están en el diccionario, y no las incluyen, y luego meten en cambio guarrerías como las siguientes que voy a citar sin que se les caiga la cara de vergüenza (porque si no, no las meterían):
1. Extranjerismos innecesarios.
Hay muchas palabras de origen extranjero que se usan en español innecesariamente, así que sólo mencionaré un ejemplo claro:
Fútbol: Estamos acostumbrados desde hace décadas a esta palabra, pero en realidad es la españolización del inglés “football”, que es un anglicismo innecesario, existiendo en español la palabra “balompié”. Sólo un club de primera división usa esta palabra en su nombre: Real Betis Balompié. ¡Viva el Betis!.
2. Ordinarieces.
Los canis están de enhorabuena: La RAE se ha plegado a su lenguaje incluyendo la siguiente barbaridad:
Almóndiga: Significa “albóndiga”. Cuando me enteré me quedé medio bizco durante un rato. Y no me creo que esa ordinariez sea tan popular como para aceptarla. Es que no conozco a nadie que diga “almóndiga”.
3. Gilipolleces de académicos.
Si no teníamos bastante con los periodistas (y los políticos) contagiándoles a la población sus pedanterías, aparecen los mismos académicos de la RAE queriendo hacer lo mismo, poniendo su granito de arena con deseos de protagonismo, inventándose palabros vergonzantes. Los bomberos trabajando de pirómanos, en vez de apagar el fuego. Una palabra vergonzante que la RAE ha admitido en su diccionario, demostrando así que los académicos de la lengua se han vuelto gilipollas, es:
Cederrón: Es la pronunciación de las siglas “CD-ROM”.
Si con “almóndiga” me quedé medio bizco, al conocer esta gilipollez me quedé bizco y sordo de un oído durante un rato. Además la palabrita que se han inventado termina en ene, y no en eme, como debería ser, transcribiendo en letras el acrónimo. Espero que no sigan por este camino, porque entonces me voy a encontrar en el diccionario gilipolleces como las siguientes, y va a ser demasiado deprimente:
Adeeseele (ADSL)
Cedé (CD)
Deuvedé (DVD)
Emepetrés (MP3)
Iesebeene (ISBN)
Jotapegé (JPG)
Emepegé (MPG)
Oenegé (ONG)
Pecé (PC)
Pedeá (PDA)
Tedeté (TDT)
Uesebé (USB)
Artículo relacionado: Palabras a incluir en el DRAE.
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